miércoles, 5 de julio de 2017

Introducción a diario de un viaje.












Ayer, mientras decidíamos los sitios prioritarios para visitar en Londres los próximos cinco días que estaremos allí, se me ocurrió escribir sobre el viaje que iniciaré mañana con mi hijo pequeño. 

¿Por qué no? Probablemente solo pueda interesar a mis amigos más cercanos o incluso hasta ellos les resulte un relato intrascendente, pero aún así, no descarto la idea de contar todo aquello que veamos o experimentemos y que merezca la pena recordar al menos para nosotros dos.

De niña, casi adolescente, escribí un par de diarios que guardo con mucho cariño porque esa chiquilla a la que he leído alguna que otra vez, fui yo en su esencia más íntima y probablemente si no los hubiera escrito, no podría haberme retrotraído al pasado con la misma nitidez, pues los recuerdos que almacenamos, se van transformando de forma inevitable en aquello que a nuestra memoria, tan selectiva ella, le gusta reflejar y éstos no siempre coinciden con la veracidad exacta de los hechos.

Lo primero que pensé esta mañana ante el viaje, es en como nos habituamos a creer que nuestra vida siempre será igual, que nada nos desprotegerá o sacará de nuestra rutina diaria, salvo alguna enfermedad o muerte inesperada, pero os aviso a los que dudáis, esto no es verdad, la existencia no es una vivencia plana, imposible pensar: " de aquí no nos moverán" o "eso le pasa a otros".

Lamento deciros que no es así , soñamos, sufrimos, imaginamos y concebimos creyendo que nuestra vida nunca dará un giro de 180 grados hasta que nos pasa...

Y miro hacia atrás,con ese vértigo que me sobreviene cuando le apetece y desde el momento en que el universo se alió conmigo o contra mí, porque eso ahora no lo podré saber hasta pasado el tiempo.

Y visto mi piel con ganas de vivir  secándome  a la vez unas cuantas lágrimas -que siempre están ahí, esperando en mi puerta- y que son imprescindibles para limpiar este dolor.

Y la sonrisa vuelve a mi boca inconsciente y los ojos se me llenan de esperanzas.

Hoy, ahora, no puedo ser más feliz ante un viaje organizado junto a uno de mis hijos, aunque éste me traiga a la memoria otros viajes que también fueron muy dichosos junto a otras personas que ya no me acompañan.

La vida sigue, y ¿sabéis? quiero participar de ella todo lo que ésta me permita y solo puedo agradecérselo de antemano.




jueves, 29 de junio de 2017

Instinto de supervivencia.





































A veces la nostalgia se acerca a visitarme
y en el silencio inútil que silencia,
se apropia sin permiso de mi almohada
anhelando futuros que nunca han de venir
porque ayer incendiaron sus presentes.

Lo que ignora el puñal cuando hurga en mi dolor
es que la vida me pretende, ilusa
se afana en dominar mis precipicios
y guarda para mí paisajes de colinas
con valles donde caminar de nuevo.

Desde el amanecer, cultiva mis espacios,
con semillas de amor repara mis heridas
y disculpa mis guerras con el firme propósito
de dibujar sonrisas en mi boca.

Me toma de la mano y me levanta
como siempre, dispuesta y sin juzgar
me conduce al lugar de la ternura
por sus calles repletas de comienzos.

Me niego a repetir historias con finales,
despedidas que matan lentamente
arrancando pedazos de inocencia.

Solo atiendo a los gestos que procuran
amarme desde el fondo de mis ojos.




domingo, 28 de mayo de 2017

Desde tu balcón.



Nunca reparé en mi miedo a las alturas, solo quería volar hacia algún lugar donde no habitara el desamor. Un paisaje sin nombre lejos de miradas indiferentes repletas de grises.

Me hice la valiente para dar un paso adelante y escribí un the end a esta historia interminable que terminó siendo estéril por falta de cuidados.

A veces, si se me ocurre mirar hacia atrás en un gesto involuntario de nostalgia, puedo recordar lo mejor de lo que fuimos desde la ausencia del rencor, entonces, los vértigos me asaltan inconscientes aún, porque ya no estás en el calendario de mis espacios y lamento profundamente que nuestra historia se diluyera por culpa del viento del odio entre nosotros.

¿Cómo he de dejar de amarte alguna vez a pesar de no volver a amarte nunca más como entonces? Cómo borrar un pasado que nos pertenece pero que nunca más volverá a conjugar presentes o futuros con nosotros?

No resulta fácil cerrar puertas a sitios donde nuestro corazón se niega a volver pero que nos protegían de la incertidumbre del mañana. No es sencillo dejar la única vida que me atreví a vivir hasta ahora para volver a reinventarme.

Y desde tu balcón, que me ofrece la misma luz que me trajiste, contemplo con lágrimas involuntarias a mirlos y gorriones batiendo el vuelo en la inmensidad de su armonía, mientras tú, duermes el sueño de la felicidad que nos protege.


martes, 4 de abril de 2017

Solo sé.





















No sé si el desamor fue demasiado tiempo
una sombra alargada que no me dejó a solas
extinguiendo las fotos de un álbum en que fui protagonista.

No sé si es que dejé de creer en el hombre como tal
capaz de aniquilar su propio campo
de amapolas.

Solo sé que la vida no me odia después de todo,
y que espera, paciente, a que descubra
la bondad de unos ojos aún sin estrenar
dibujando en los míos reflejos de esperanzas.

Solo sé que has llegado, imprevisible,
y en forma de regalo inacabable
si observo tu mirada,
porque es imposible no amar todo el amor
que emerge de tus ganas de vivirme.



lunes, 13 de marzo de 2017

Hambrienta










Contemplo la felicidad
desde la luz hambrienta de mis ojos,
ruidosa y puritana,
la observo en la sonrisa
de aquellos que se buscan y se encuentran.

Anhelo su presencia llenando mis espacios,
y la sueño sin pausa y por defecto
en esta oscuridad inamovible
que me atrapa las ganas de quererme.

Sola en mi soledad, me traspasa tu ausencia
en un duelo desnudo de esperanzas
y de besos sin labios que besar.

No hay consuelo para mi desconsuelo
porque ya no me quema ni la culpa
al obviar éste amor que nunca fue
lo suficiente.



martes, 7 de marzo de 2017

Impulsos.


Estoy absolutamente convencida de que mi forma de escribir no se asemeja ni siquiera a la de un aprendiz de escritor. 

Salvo raras ocasiones, lo que a mí me gusta es darle a las teclas de forma atropellada, permitir, que las emociones que me atrapan en ese instante se diluyan en el texto. No busco palabras o citas propias que expresadas de una forma especial puedan llegar a quién pueda leerme, no lo hago, supongo que es una especie de hedonismo incontrolable escribir de esta manera.

Y sé, que cuando siento así, no puedo postergar lo que quiero decir para la próxima ocasión, porque entonces, el pudor me obligará a ser más correcta a la hora de plasmar mis sentimientos.

Por eso, a pesar de que no debería estar perdiendo el tiempo con unas líneas que no conducen a ninguna parte; necesito intentar ver desde afuera a la mujer que escribe, averiguar sus múltiples contradicciones e intentar entenderla.

Confieso y asumo que estos días no hallo una solución estable a mi vida por más fórmulas inimaginables que haya podido replantearme. Quito de aquí, pongo de allá y las cuentas siguen sin salir. Al final, llego a la conclusión de que por más que intente recomponer mi mapa y su futuro, éste no depende totalmente de mí.

Puedo  tomar decisiones, pero no puedo gobernar en mis sentimientos. No puedo sentir lo que otro quiere que sienta. Es una realidad cruel, lo sé, y a veces toca ser la mala de la película aunque sepas que  no fue exactamente así.

Y  siendo consciente del dolor que causo y me provoco, ayer firmé un documento de dos páginas redactado y leído por una abogada a la que no era capaz de escuchar embargada  como estaba en una inmensa tristeza. Ayer, cerré el proyecto de una vida en común  de veinticinco años con los ojos cubiertos de lágrimas y un abrazo de despedida.

Si pudiera saber dependiendo de la elección del camino a elegir, qué es lo que éste me deparará, todo sería más fácil. Pero, ¿y si resulta que me equivoqué? Y si lo hubiera intentado una vez más?


 Un propósito imposible, porque a pesar de esta soledad que me acompaña y me grita como el eco de un miembro amputado retorciéndose en su dolor, el pasado no es tangible y solo permanece en nuestra memoria.

¡Sería tan fácil perdonar y olvidar! ¿Por qué no lo hice? Por qué mi corazón se volvió tan duro?


Apostar al futuro sin saber las cartas de las que dispones es una locura. Retirarse del juego por miedo a perder la partida es de cobardes.


¿Pero, quién dijo que yo fuera valiente?

La decisión de seguir adelante solo depende de mí y debo asumir las consecuencias, ninguna buena de momento, puedo asegurarlo.



lunes, 27 de febrero de 2017

Suspicacias.

Se acercó sin ningún tipo de ambages para preguntarme como me encontraba, le habían dicho que me había separado y no podía creérselo. “Os veía un modelo de pareja perfecta” me dijo.

En el momento de oír esta frase comencé a preguntarme a mí misma cuántas veces  habíamos hablado de una forma más íntima con esta persona para que hubiera llegado a esa conclusión sobre nuestra relación.

 La respuesta fue un par de ellas y no más…

Es sorprendente como clasificamos a las personas solo por las apariencias sin tener más datos que puedan confirmar nuestras opiniones.

Yo, que suelo ser de carácter extrovertido y parlanchín en las distancias cortas, siempre he procurado huir de cualquier círculo social donde mayoritariamente y como tema de eje principal, se dedican a hablar de la vida de los demás, como si no tuviéramos bastante con nuestros propios problemas...

Desafortunadamente, lo que más detestas, llega y te pone a prueba de una forma descarada al constatar, que, de un tiempo a esta parte, he entrado a formar parte de la exclusiva más novedosa en el apartado de culebrones de mi barrio y mi entorno.

El primer mes de la ruptura de la relación, solo tú amigos más íntimos lo saben, pero es increíble la utilidad que tiene ese: “no se lo digas a nadie” para que en pocos días, el secreto más secreto, termine extendiéndose como una plaga y que la versión con la que comenzó, fiable o nada fiable, tras varios intercambios orales, termine mutando en una historia diferente en la que no me reconozco.

A muchas, muchísimas personas, les gusta el morbo y las miserias de los demás, no nos engañemos. Si no les queda claro tu fracaso,  lo indagan o  lo inventan, y si no consiguen hallar respuestas, no tienen ningún tipo de pudor en acercarse a ti con cara de estar dándote  el pésame para  preguntar hurgando en una herida que todavía sangra a borbotones.

Quieren y necesitan carroña para la conversación a la hora del café con las amigas, la adrenalina se les disparará mientras divagan excitadas sobre que pudo motivar una separación después de veinticinco años. 


“Seguro que hay cuernos” conjetura una del grupo que dice que no sabe por parte de quien, pero:" ¿qué otra cosa va a ser?" La que está junto a ella  apunta también, que si ha sido por problemas de caracteres: ¿por qué han esperado veinticinco años para separarse?

Lo peor de todo es que estas suspicacias puedan llegar a salpicar a los que más quieres y te quieren, esto si que genera un sentimiento de impotencia y desprecio hacia aquellas personas tan pobres de amor que necesitan alimentarse de la vida de los demás para olvidar el tedio y las desgracias de las suyas.