domingo, 28 de mayo de 2017

Desde tu balcón.



Nunca reparé en mi miedo a las alturas, solo quería volar hacia algún lugar donde no habitara el desamor. Un paisaje sin nombre lejos de miradas indiferentes repletas de grises.

Me hice la valiente para dar un paso adelante y escribí un the end a esta historia interminable que terminó siendo estéril por falta de cuidados.

A veces, si se me ocurre mirar hacia atrás en un gesto involuntario de nostalgia, puedo recordar lo mejor de lo que fuimos desde la ausencia del rencor, entonces, los vértigos me asaltan inconscientes aún, porque ya no estás en el calendario de mis espacios y lamento profundamente que nuestra historia se diluyera por culpa del viento del odio entre nosotros.

¿Cómo he de dejar de amarte alguna vez a pesar de no volver a amarte nunca más como entonces? Cómo borrar un pasado que nos pertenece pero que nunca más volverá a conjugar presentes o futuros con nosotros?

No resulta fácil cerrar puertas a sitios donde nuestro corazón se niega a volver pero que nos protegían de la incertidumbre del mañana. No es sencillo dejar la única vida que me atreví a vivir hasta ahora para volver a reinventarme.

Y desde tu balcón, que me ofrece la misma luz que me trajiste, contemplo con lágrimas involuntarias a mirlos y gorriones batiendo el vuelo en la inmensidad de su armonía, mientras tú, duermes el sueño de la felicidad que nos protege.